viernes, 19 de septiembre de 2014

Saqueos en BCS: JoLoPo era tartamudo.

SAQUEOS EN BCS: JOLOPO ERA TARTAMUDO
Por José Hamra Sassón

Gracias Xóchitl Gálvez, saludos Mauro Villagómez

Odile dejó una estela de desolación en BCS.  El saldo blanco pasó a segundo término.  Ante la falta de muertos, los medios se volcaron en dar cuenta de la desgracia material, pero sobre todo, de la rapiña y el saqueo de comercios en La Paz y Los Cabos.  La incomunicación de las primeras 72 horas después del golpe en tierra del huracán se agravó con la lentitud con la que ha llegado asistencia para los damnificados. 

La atención prioritaria fue atender a la principal industria de la punta más sur del norte del territorio nacional: establecer un puente aéreo para rescatar a 30,000 turistas que se quedaron varados en la nada.  De ellos 90% extranjeros.  Varados en la nada de la nada se quedaron los lugareños que reaccionaron ante la inefectividad del Estado para reestablecer prontamente servicios públicos y brindar apoyo a su población.

El drama provocado por la fuerza de la naturaleza creó escenas con tintes que rayan en la tragedia.  Empleados que fungieron como autodefensas armados no evitaron saqueos a tiendas y comercios ni robos de víveres y agua.  En la locura MadMaxiana, el espectáculo mediático dio cuenta también de la rapiña de artículos de urgente necesidad consumista: cámaras digitales, pantallas de plasma, caminadoras, hornos de microondas, lavadoras.  Todo, absolutamente todo lo que se pudiera arrebatar, llevar, apiñar, agandallar.   
Mientras la población civil mexicana se organiza para llenar los vacíos oficiales, el tema es el saqueo. Saqueo que podría calificarse como práctica de resistencia ante una clase política que, independientemente de los colores partidistas que ocupan las oficinas de gobierno, se ha dedicado a saquear históricamente: mordidas, obras públicas con precios inflados, moches, robos a plena luz del día.  Ejemplos hay para tirar al cielo: línea dorada del metro que acabó en chapa de latón.  Estela de ineficacia y robo descarado.  Aguinaldos millonarios para funcionarios públicos.  Líderes sindicales que ordeñan los recursos de empresas paraestatales. Vestidos de lujo para la primera actriz de la nación en la noche del último grito de moda.  Presa privada para el señor gobernador.  Fajos de billetes (con liga) para el señor operador.  El petróleo que nunca fue del pueblo bueno y amoroso, tsurus con chofer que no combinan con los zapatos tenis del retoño.  El saqueo de la fuerza de trabajo con salarios mínimos de miedo, servicios públicos de salud y educativos de terror y gastos gubernamentales superfluos de espanto.

El saqueo también es moral: niños cateados que se convierten en sospechosos comunes, bombas de tiempo que quizá no se conformen con la torta y el boing.  Colusión con el crimen organizado, participación en secuestros, narco e, incluso, saqueo de esposos, esposas, hijos e hijas.  Colusión con multimillonarios que exprimen el bolsillo con empresas monopólicas que ofrecen servicios de cuarta cobrados como de primera plus. 

En el saqueo en BCS se escucha un órale compadre, ahora o nunca.  No es para hacerse justicia, es para participar en la práctica nacional oficializada hace años.  Aprovecharse del momento, del lugar, del puesto, de la distracción, para saquear.  Para agandallar.  Ya lo había dicho el JoLoPo, que seguro era tartamudo, pero lo fingía muy bien: "Ya nos saquearon. México no se ha acabado. ¡No nos volverán a saquear!"

La clave está en la última oración, donde trastabilló sin que nunca nadie se diera cuenta: ¡No nos volverán a saquear! --> ¡No-nos volverán a saquear! --> ¡Nos volverán a saquear!  Ante esa consigna, “administrar la abundancia” implicó celebrar todos los días el año de Hidalgo. 

Eso sí, mientras no nos dejemos saquear el alma, vamos de gane.

+600:
Fotos de los saqueos en BCS: 

Y esta última, que resume los seis 50's que podrían ser siete.

La guerra no frenará al Estado Islámico.

La guerra no frenará al Estado Islámico - José Hamra Sassón
(Publicado por primera vez el 11 de septiembre de 2014 en https://www.tumblr.com/blog/en600palabras). 
El Estado Islámico (EI) es la nueva estrella en el firmamento mediático y geopolítico.  Desafiante, estableció un califato en Siria e Irak, cuestionando las fronteras artificiales que Gran Bretaña y Francia impusieron al Medio Oriente a finales de la Primera Guerra Mundial.  El EI pelea con todos, empezando por los musulmanes que no se rigen por su interpretación de la Shaaría y los Sunnas, las “enseñanzas de Mahoma”.  Continúa con todos los infieles, es decir, el resto del mundo.
El EI es producto de la promesa incumplida que Al Qaeda cacareó: “reestablecer” un califato de Chechenia hasta Andalucía, pero acabó promoviendo un membrete.  Es producto de la invasión tutelada por Bush Jr. a Irak y del régimen post-Saddam que marginó a los sunitas del poder.  También de la descomposición sociopolítica de Siria, cuya población se cansó de la dictadura del clan Assad. 
Producto es del invierno de la llamada “primavera árabe” que sólo avivó las contradicciones sociales y geopolíticas en el mundo árabe, que azuzó las calles y que firmó el fracaso de la Hermandad Musulmana en Egipto, movimiento que no pudo ni quiso responsabilizarse del poder que había legitimado en las urnas.   Además, el EI es producto de Hamás que ladra pero muerde quedito y que negocia con su enemigo.  Claro, es producto también de la pantomima de las negociaciones de paz entre Israel y Palestina.
Pero hay más.  El EI, con cientos de combatientes europeos (muchos no árabes que se convirtieron al Islam) es producto de un sistema que rige las vidas del 99% frente al 1% que sigue concentrando riqueza y poder sin pudor alguno.  Es producto del movimiento “Occupy” que sacó a los jóvenes a las calles en las capitales europeas, pero los regresó a sus casas para seguir rumiando su encabronamiento.  Producto también de Anonymous que se manifiesta en la red apostando por alimentar la marginalidad. 
El EI es producto de todo lo anterior porque no se quedó en promesa.  Lo que se dispusó, lo hizo: creó un califato que ha puesto en vilo a propios y extraños.  Es el enemigo de los enemigos, pero no un amigo.  Por eso EU, la OTAN, Irán, Irak, los kurdos, Siria, Arabia Saudita, Qatar y hasta Israel y Hamás colaboran de una u otra forma para hacerle frente a su amenaza: cumple lo que se propone, aunque su objetivo sea condenable y sus métodos detestables.
Posiblemente el EI no dure mucho.  La alianza cuasi de jure/de facto TUCEI (Todos Unidos Contra el Estado Islámico) le pondrá un límite por la vía militar.  Pero no será suficiente sin atender de fondo las motivaciones que lo engendran: las contradicciones que amplían la brecha 1%/99% en el sistema internacional.
El EI se erige desde el centro del núcleo de un sistema internacional que es incapaz de reconocerse como el principal generador de violencia.  El EI es un movimiento que requiere ser frenado por la amenaza que representa y por la forma en que detesta la vida de los demás que encarnan su otredad.  La guerra no será suficiente para ponerle un alto ya que alimentará más odio por las muertes de inocentes que aparecerán en la estadística, si acaso, como “daño colateral”.
El EI como actor mantendrá su vigencia, o surgirán otros que seguirán su ejemplo orientado a resultados.  El “éxito” en los hechos del EI podría radicalizar a otros actores de la órbita fundamentalista de cualquier ideología: de lo que se trata es competir por la presencia mediática y por nuevos adeptos que buscan respuestas concretas a la frustración de todas las mañanas.