SAQUEOS EN BCS:
JOLOPO ERA TARTAMUDO
Por José Hamra Sassón
Gracias Xóchitl
Gálvez, saludos Mauro Villagómez
Odile dejó una estela de desolación en BCS. El saldo blanco pasó a segundo
término. Ante la falta de muertos, los
medios se volcaron en dar cuenta de la desgracia material, pero sobre
todo, de la rapiña y el saqueo de comercios en La Paz y Los Cabos. La incomunicación de las primeras 72 horas después
del golpe en tierra del huracán se agravó con la lentitud con la que ha llegado
asistencia para los damnificados.
La atención prioritaria fue atender a la principal industria
de la punta más sur del norte del territorio nacional: establecer un puente
aéreo para rescatar a 30,000 turistas que se quedaron varados en la
nada. De ellos 90% extranjeros. Varados en la nada de la nada se quedaron los
lugareños que reaccionaron ante la inefectividad del Estado para
reestablecer prontamente servicios públicos y brindar apoyo a su población.
El drama provocado por la fuerza de la naturaleza creó
escenas con tintes que rayan en la tragedia.
Empleados que fungieron como autodefensas armados no evitaron saqueos a
tiendas y comercios ni robos de víveres y agua.
En la locura MadMaxiana, el espectáculo mediático dio cuenta
también de la rapiña de artículos de urgente necesidad consumista: cámaras
digitales, pantallas de plasma, caminadoras, hornos de microondas,
lavadoras. Todo, absolutamente todo lo
que se pudiera arrebatar, llevar, apiñar, agandallar.
Mientras la población civil mexicana se organiza para llenar
los vacíos oficiales, el tema es el saqueo. Saqueo que podría calificarse como
práctica de resistencia ante una clase política que, independientemente de los
colores partidistas que ocupan las oficinas de gobierno, se ha dedicado a
saquear históricamente: mordidas, obras públicas con precios inflados, moches,
robos a plena luz del día. Ejemplos hay
para tirar al cielo: línea dorada del metro que acabó en chapa de latón. Estela de ineficacia y robo descarado. Aguinaldos millonarios para funcionarios
públicos. Líderes sindicales que ordeñan
los recursos de empresas paraestatales. Vestidos de lujo para la primera actriz
de la nación en la noche del último grito de moda. Presa privada para el señor gobernador. Fajos de billetes (con liga) para el señor
operador. El petróleo que nunca fue del pueblo
bueno y amoroso, tsurus con chofer que no combinan con los zapatos
tenis del retoño. El saqueo de la fuerza
de trabajo con salarios mínimos de miedo, servicios públicos de salud y
educativos de terror y gastos gubernamentales superfluos de espanto.
El saqueo también es moral: niños cateados que se convierten
en sospechosos comunes, bombas de tiempo que quizá no se conformen con la torta
y el boing. Colusión con el crimen
organizado, participación en secuestros, narco e, incluso, saqueo de esposos,
esposas, hijos e hijas. Colusión con
multimillonarios que exprimen el bolsillo con empresas monopólicas que ofrecen
servicios de cuarta cobrados como de primera plus.
En el saqueo en BCS se escucha un órale compadre, ahora o
nunca. No es para hacerse justicia, es
para participar en la práctica nacional oficializada hace años. Aprovecharse del momento, del lugar, del
puesto, de la distracción, para saquear.
Para agandallar. Ya lo había
dicho el JoLoPo, que seguro era tartamudo, pero lo fingía muy bien: "Ya nos
saquearon. México no se ha acabado. ¡No nos volverán a saquear!"
La clave está en la última oración, donde trastabilló sin que
nunca nadie se diera cuenta: ¡No nos volverán a saquear! --> ¡No-nos volverán a
saquear! --> ¡Nos
volverán a saquear! Ante esa consigna,
“administrar la abundancia” implicó celebrar todos los días el año de Hidalgo.
Eso sí, mientras no nos dejemos saquear el alma, vamos de
gane.
+600:
Fotos de los saqueos en BCS:
Y esta última, que resume los seis 50's que podrían ser siete.

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